viernes, 1 de julio de 2016

EL PARAÍSO RECOBRADO DE JUAN GALVÁN PAULÍN, Fernando Fernández


viernes, 1 de julio de 2016

El paraíso recobrado de Galván Paulin

Galván Paulin. Foto oficial de la Escuela Mexicana de Escritores.

[El siguiente texto fue leído en la presentación del libro de Juan Galván Paulin,Mi cuerpo germina temblor entre tus labios, el 9 de febrero de 2016 en el Centro Cultural Helénico, en la que participé al lado del autor y del poeta Arturo Córdova Just. La presentación se repitió el pasado 6 de abril, con los mismos participantes, en la nueva sede de la Escuela Mexicana de Escritores.]

La simpatía es, para mí, la condición esencial de la crítica, entendida como lo que es:“inclinación afectiva entre personas”, dice el diccionario, “generalmente espontánea y mutua”. Ya en otro lugar traté de probar cómo ese adjetivo, “mutua”, puede definir también la inclinación entre personas y objetos, y que bien puede manifestarse de un objeto hacia la persona que se relaciona con él, en este caso un libro, una obra literaria; es decir, que hay libros respecto a los que uno puede sentir simpatía por la simple razón de que ellos, esos libros, en determinadas circunstancias, parece que la muestran también hacia nosotros.
 
Galván Paulin hace para mí una "mudra", dice él, en una comida de maestros de la Eme.

Lo primero que sorprende del nuevo libro de poemas de Juan Galván Paulin es el torrente de palabras y de sensaciones que bulle en sus páginas, lo que se nota, entre otras cosas, en la manera en la que está resuelto formalmente. La poesía se sale de sus cauces formales tradicionales y roza la prosa, o se instala en ella –pero la vena es poética y poéticas son sus intenciones y sus alcances. Si la distancia que ofrece la medida del verso tradicional le parece corta, es porque la pasión que arrebata a Juan es tempestuosa y necesita de espacio, de suficiente espacio, para exponerse y decir.

Borges en México. Foto de Rogelio Cuéllar.

El tema del libro es la recuperación del paraíso perdido: ya se sabe –y Borges, por ejemplo, lo dijo hasta el cansancio– que sólo existen los paraísos perdidos; lo otros, por definición, no son paraísos, no pueden serlo. Y hay un paraíso que es el más paradisíaco de todos, aquel que se finca en la recuperación del amor perdido. Borges lo dice por ahí: nada hay como el amor denegado, vuelto a recuperar. Precisamente por estos días, caigo en la página en la que afirma Montaigne que sólo vale la pena poseer lo que se ha deseado largamente.

Pero digo “tierra” y en realidad debería de decir “ciudad”: el centro, San Cosme, el Paseo de la Reforma son algunos de los lugares en los que ese paraíso cobra vida. La vida, hasta el momento de la recuperación amorosa, ha sido lo que pasó bajo un puente que está sostenido por dos columnas: la primera, el momento en que se perdió el amor; la segunda, el momento en que se ha recuperado. Bajo la lluvia, el Paseo de la Reforma es el espacio por el que se ha paseado la tristeza irremediable, el hastío y el aburrimiento, y es ahí mismo donde puede ocurrir el milagro del reencuentro y la reconciliación.

Y digo “ciudad” y menciono el centro o San Cosme o el Paseo de la Reforma, pero en realidad debería de decir que también el hotel, los hoteles. Hay pocos lugares en los que se pueda sentir la soledad como en un hotel, cuando uno está de paso, y a solas. Es, me parece, una de las metáforas de la desolación amorosa. La imagen del hotel a solas acompaña y obsesiona al poeta, y será precisamente en un cuarto de hotel en donde ocurrirá la revelación a que va a conducir el reencuentro: el cuerpo largamente deseado, paraíso en sí mismo, será recuperado en un cuarto de hotel.


Hombre de libros y cultura, sabio, lleno de noticias sobre los tiempos heroicos, Juan sabe que su vida misma es la representación de todo lo que ha leído y por eso su vida y su persona está marcados por sus lecturas, lo que se representa en él de manera natural, como si fuera una manera de respirar. Juan sabe que en sus actos y en sus decisiones están representados todos esos mitos de los que tanto sabe. Y Juan sabe también que su vida es irrepetible, y que el mito se cumple en uno, o uno ve en los mitos ese cumplimiento para entender lo que se vive, mucho más cuando se trata de entender la propia experiencia.

Por eso Juan no puede ver el mundo sin esas historias y esas explicaciones, y por eso su poema está salpicado de referencias a todo ese mundo, que alienta detrás de lo que vemos, de lo que él ve. Juan vive a través de lo que ha leído o ha escuchado. Por eso la mejor manera que tiene de explicarse los 40 años que han debido pasar antes de la recuperación del amor, es la guerra de Troya, y son los años en que Ulises ha estado ausente. Más cuando se da cuenta de que su periplo ha sido del doble de duración: si la guerra a la que ha acudido Ulises ha durado diez años, y su regreso le ha tomado otros diez años, la aventura de Juan se he llevado el doble de tiempo de su vida. Cuarenta años, escribe el poeta; cuarenta años, se repite. La referencia a Troya y todo lo que supone, es perfecta; el alargamiento temporal es suficientemente expresivo de lo que ha sido para él la gesta amorosa: su gesta, los años que han tenido que pasar para reencontrar la Ítaca del cuerpo amado le ha llevado ¡el doble de tiempo que la gesta homérica!


Así ocurre con otros personajes de la mitología grecorromana, como Medea, la mujer hechicera, o Ismene, la hija de Edipo y de Yocasta, pero también con Xólotl, el dios mesoamericano del fuego y el ocaso. Este dios viene bien para ejemplificar el cambio que se ha obrado en el poeta. El desgate físico, el cambio del físico, todo aquello quese ha sido entre las mezquiteras, o entre los autos, y con el paso del tiempo y la llegada de los hijos, temas en los que reflexiona el hombre solo en el hotel, hace que el poeta se duela o celebre, y todo ello convierte al poema en una recuperación del tiempo perdido y un intento de búsqueda de razones para entender el tiempo que ha pasado, en el cuerpo mismo de quien lo ha vivido.

Chet Baker.
Su estado es una suerte de lúcido aturdimiento, que es el del amor, por eso escucha mejor y con oído más agudo, y por eso aparecen el Almost blues de Elvis Costello interpretado por Chet Baker, o elBlue in Green de Miles Davis. Por eso aparecen los versos de Mario Benedetti, Amado Nervo, Edmond Jabés o Ungaretti. Y por eso aparece el canto del cenzontle. La vida se apoya en todos esos referentes que entran por los ojos y por los oídos, y va cargando de sus sensaciones todo aquello que experimenta el poeta. Sólo en el paraíso recuperado dejan de doler, cuando son el canto vivo de las horas que hemos conseguido recuperar del tiempo que ha pasado arrastrándonos consigo.

Pasolini entrevista a Ungaretti.

El armado de Mi cuerpo germina temblor entre tus labios, que en realidad recoge un solo poema extenso, es musical: a Juan le interesa subrayar que detrás de su experiencia de recuperación amorosa hay un cierto sentido musical, y es por eso que las partes de su poema, tres partes de tamaños irregulares, se llaman “Grave ritenuto”, “Andante sostenuto” y “Adagio a capriccio”. Las series proponen una suerte de orden-desorden que priva sobre el conjunto de los materiales; un orden nuevo del desorden felicísimo con que se vive y ama.

Juan ha vivido y escrito su historia de una determinada manera, pero a la hora de armar la secuencia general del poema advierte que la exposición debe ser levemente distinta a la expresión de su primera materialidad, por eso los capítulos, o mejor dicho los cantos, tienen una numeración que de cuando en cuando se ve alterada. Se trata de veinte cantos, organizados, como ya decíamos, en tres partes de tamaños irregulares, pero esos veinte cantos no aparecen ordenados forzosamente de acuerdo a la progresión natural de la numeración, que de pronto experimenta algún salto: entre el cuarto y el quinto canto, aparece el décimo sexto; o hay dos cantos cuartos…


Los nombres de las secciones en que están organizados los cantos son bastante expresivos de sus intenciones. Juan acude, como veíamos antes, a la nomenclatura musical. La primera parte se llama “Grave ritenuto”. Como sabemos, el modo “grave” significa “lento”; es una suerte de adagio con un carácter de seriedad, de gravedad (de ahí su nombre); “ritenuto”, por su parte, es un término que se usa mucho en música pero no para describir el carácter de un movimiento sino de un pasaje específico; se retiene, quiere decir la palabra, el flujo acumulado de la pulsación rítmica (como en una cámara lenta). El nombre parece atinar al describir una situación de seriedad, incluso de gravedad, que, a pesar de su larguísima duración, ha sido vivida con todavía gran lentitud.

La segunda sección se llama “Andante sostenuto”; el “andante”, ya lo sabemos, es un tiempo entre el allegro y el adagio, próximo al “moderato”; no es alegre ni lento; fluye pero no va con la rapidez de allegro ni con la lentitud del adagio. Por su parte, en el “sostenuto” (estamos analizando la expresión “andante sostenuto”) se busca que el sonido se sostenga todo lo que se pueda, pero sin romper la frase. Es una suerte de alargamiento, el máximo posible, que permite que cada nota luzca, pero sin que se interrumpa su flujo hacia la nota siguiente.


Por último, el “adagio a capriccio”, que es como se llama la tercera y última parte, se compone de ese “adagio” que no es más que un tiempo lento, que se adjetiva con ese “a capriccio”, o “caprichoso” que sugiere una cierta libertad interpretativa. Es decir, a voluntad del intérprete, se imprime en la interpretación, de las notas, por supuesto, pero también de los sentimientos y las emociones vividas, la propia subjetividad.

Esos nombres son bastante expresivos de las intenciones de Juan: un tiempo largo, que se ha vivido con mayor duración aún que los cuarenta años cronológicos, el doble Homero, por decirlo así, con que se ha vivido la separación y el anhelo; un flujo que no tiene prisa, y que se alarga para ser vivido con todo lucimiento y gozo, y no menos que eso, con la sabiduría que dan los años decantados, ese largo desear a solas en una calle lluviosa o en un cuarto de hotel. Por último, una interpretación libérrima, cargada de subjetividad.


Por fin Juan ha conseguido volver, de la trama apretada y a veces crudelísima de la vida, con una presa en su red de hombre de palabras, y ella no es otra que, tal como la describe él mismo con sus propias palabras, “esa extraña ave de la que abjuran los poetas […] que es la felicidad”.

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Gracias a mi amigo Sergio Vela por su asesoría musical.

Las imágenes que aparecen en este postproceden de diversas fuentes de Internet. Ungaretti aparece en un momento de su entrevista con Pier Paolo Pasolini. El primer retrato de Galván Paulin es de Mario González Súarez. Los dos siguientes, míos. La foto de Borges es de Rogelio Cuéllar.

martes, 29 de marzo de 2016

MEMORIAS AJENAS, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón


MEMORIAS AJENAS

Vereda de la vida vaticinios oscuros
van los pasos siguiendo rutas marcadas
de antemano por alguien tal vez desconocido
pero no obstruyamos los planes ya cernidos
y demos voz a las palmas que no suenan
ni pasan, ni se escuchan y corren silenciosas...
Vereda de la vida luminosos caimanes
aparecen en el futuro rancio y parlotean;
conminan a seguir a refrendar de frente
las huellas de otras generaciones
diligentes siguieron y proclaman 
que ese es el camino para dar con el paso
definitivo y bueno para todos, comunidad
de intereses, resguardo de alegrías:
toca alguien a la puerta y no abren
son los duendes ajenos a los sueños
que otrora soñamos tú y yo ¿lo 
recuerdas acaso o ya olvidaste de nuevo?
No quiero ya volver. el pasado es algo
trunco, insensible, doloroso y fatal.
No quiero volver; no me hagas retroceder
porque caigo de nuevo al precipicio...

lunes, 29 de febrero de 2016

DOS POEMAS DE MINERVA MARGARITA VILLARREAL

Presentamos dos poemas del libro: Las maneras del agua, con el que Minerva Margarita Villarreal obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes de este año.





Aparece


Antes del alba sus manos traen el cielo hasta el muro de piedra
y en lecho de madera abro los ojos que no abro
Su hábito solar su descalzo venir
estando aún dormida con otros ojos vi
Tersa Teresa de las metamorfosis
blanca es rosa su piel roza casi su rostro
Detrás del respaldo que no hay
ella misma es respaldo:
Cara brazos torso manos sobre mi cabeza
Inclinada está:
Cúmulo de luz Teresa bajo el velo negro en la tiniebla rémora
sus pies desde otro plano
la vigilia previa de atravesar
el curso de los astros
e irrumpir
Tersa de las meditaciones
En la tierra el espanto:
Más que asombro
mantequilla líquida penetrando
por no sé qué resumidero
el cuerpo:
Seré una alcantarilla en manos de Teresa
una fiebre de oro de las llagas de Cristo
un cielo desprendido del siglo dieciséis
una viuda oscilante un dominico en ascuas
una familia perseguida
y de cuatro maneras germinará lo plantado:
Agua del pozo
Agua de noria sin anegar el huerto
Agua de río o del arroyo
Lluvia del cielo:
La humanidad de Cristo desnuda tus pupilas
su tórax alanceado aún gotea
Bañémonos Teresa en esta rojedad
En la tierra el espanto
Bañémonos Teresa
El espanto Teresa
Bañémonos Teresa en esta rojedad




Laude

Mientras me como esta manzana
Dios viene a bendecirme
parpadeante de sol
desciende
al vuelo
de la paloma
con su piel
su pelo alborotado
y un joven
que conduce a la puerta
del programa de los doce pasos
El muchacho es adicto
De cada diez
uno no recae:
La impotencia de sus labios
por mi sangre
fluye





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jueves, 18 de febrero de 2016

LÍCITO, Lina Zerón (México)



LÍCITO

Esta intolerancia al desamor mala leche,
a creer que la vida es un caleidoscopio
donde ambos nos unimos en un solo matiz,
pero tú eres café, gris, casi negro,
te aprovechas de cualquier colora
vas probando una a una y las descartas todas.
Lo mejor sería fijar un afiche en lo alto de un poste
que diga que en el amor todo es legal,
la irresponsabilidad de tejerte en varios cuerpos
atropellar a tu pareja con perjurios.
Lícito sería hacer al novio picadillo en gran parrilla,
recoger los restos de corazón y pulmones
y abonar con eso el jardín.
Al cabo la desvergüenza es legal.

Lina Zerón
Del libro: Pétalos de Fuego que se presentará el 27 de Febrero a las 19:00 hrs en el Pabellón de Chihuahua.

viernes, 18 de diciembre de 2015

ACNÉ Y CORTISONA; Charles Bukowski

Acné y cortisona 
Charles Bukowski
«Tenía granos y erupciones en toda mi cara, espalda, cuello e incluso en mi pecho. Me aconteció justo cuando empezaba a ser aceptado como líder y chico duro. Yo todavía era un duro pero ya no era lo mismo.
Tuve que retirarme y mirar a la gente desde lejos. Siempre tuve problemas con las chicas, y con la piel destrozada se convirtieron en imposibles. Las chicas eran más inaccesibles que nunca. Algunas de ellas eran verdaderamente bonitas: sus vestidos, su pelo, sus ojos, la forma en que se movían. Tan sólo andar por la calle al atardecer con alguna, ya sabes, hablando de todo y nada, creo que me hubiera hecho sentirme muy bien. Además, aún había algo en mi interior que continuamente me creaba problemas. La mayoría de los profesores no confiaban en mí, ni yo era de su agrado, especialmente las profesoras. Nunca dije nada fuera de lugar, pero ellas alegaban que el problema era «mi actitud». Algo que tenía que ver con el modo en que me recostaba en mi asiento y el «tono de mi voz». Normalmente me acusaban de «burlarme» aunque yo no era consciente de ello. A menudo me echaban al pasillo fuera de la clase o era enviado al despacho del director come mierda. El director siempre actuaba de igual modo. Tenía una cabina telefónica en su despacho y me hacía permanecer de pie en ella con la puerta cerrada. Pasé muchas horas en la cabina telefónica. El único material legible era la Revista del Hogar Femenino. Aquello era tortura deliberada. De todos modos leía la Revista del Hogar Femenino. Llegué a leerme todos los números. Esperaba que al menos aprendiera algo de las mujeres.»

viernes, 11 de diciembre de 2015

EL ESCENARIO DE LA DESNUDEZ YA NO ES LA PIEL, Virginia Cosin

El escenario de la desnudez 

ya no es la piel

Debate. ¿Queda algo obsceno, capaz de escandalizarnos en literatura? De Rousseau a Knausgård, lo impúdico ya no atañe al sexo sino a la honestidad brutal.

POR VIRGINIA COSIN

En 1765 Jean Jacques Rousseau, el hombre del comienzo y de la naturaleza, el autor de El contrato social y de Emilio o la educación , entre otras obras disruptivas, cesa su itinerante huida y se recluye en una casa de campo a escribir un libro que inaugura una forma nueva: la de la escritura de sí mismo. “Emprendo una obra de la que no hay ejemplo y que no tendrá imitadores. Quiero mostrar a mis semejantes un hombre en toda la verdad de la Naturaleza y ese hombre seré yo.”, es el elocuente comienzo de Las confesiones .
Y para probar, apenas comienza, hasta qué punto está dispuesto a exponerse, refiere un recuerdo vergonzoso. Allí el pequeño Rousseau, al borde de la pubertad, descubre el placer que le producen los azotes de su institutriz, que le revelan “cierta precocidad instintiva de sexo”. El proyecto rousseauniano de alcanzar la sinceridad total despojándose del estilo, dice el crítico Maurice Blanchot, deja al descubierto la insuficiencia de la escritura tradicional.
Dos siglos después, cuando la sigla post se adjunta a prácticamente cualquier idea, movimiento, estética, práctica o designación de época, un escritor noruego, tras una crisis creativa, decide que quiere escribir sin floraturas, adornos, figuras ni impostaciones. Sin hacer, digamos, literatura. Se propone ser completamente honesto. Y aquello, parece, es tremendamente novedoso y hasta escandalizador, porque –más allá de que la intención de provocar se lee en el nombre con que titula el libro ( Mi lucha , al que dividirá en seis tomos) este señor (sí: hablamos de Karl Ove Knausgård) procede de manera completamente impúdica, con el corazón al desnudo, dispuesto a contar, por ejemplo, cómo –a pesar de lo mucho que los ama– quisiera que sus hijos desaparecieran. El resultado es el más literario de los efectos porque la literatura es lo esencial o no es nada.
Georges Bataille, otro lúcido crítico francés, autor del ensayo El erotismo , escribe en el prólogo a La literatura y el mal : “El Mal –una forma aguda del Mal que la literatura expresa–, posee para nosotros, por lo menos así lo pienso yo, un valor soberano. Pero esta concepción no supone la ausencia de moral, sino que en realidad exige una ‘hipermoral’. La literatura es comunicación. La comunicación supone lealtad: la moral rigurosa se da en esta perspectiva a partir de complicidades en el conocimiento del Mal que fundamentan la comunicación intensa. La literatura no es inocente y, como culpable, tenía que acabar al final por confesarlo.” Es a partir de estos dos extremos –Rousseau y Knausgård– que podría pensarse que la novedad aparece de la mano de una pérdida de pudor o de comunión con el Mal; reside en un hueco hasta entonces inaccesible, íntimo y también peligroso.
Pero ¿en qué consistiría esta pérdida de pudor, cuando los medios de comunicación, con la Web a la cabeza, han desgarrado ya todos los velos?
Para el sociólogo Jean Baudrillard la obscenidad comienza cuando no hay ni escena, ni teatro, ni ilusión, cuando todo se hace inmediatamente transparente y visible y queda sometido a la cruda e inexorable luz de la información y los medios. Repasemos: en su etimología, la palabra obsceno designa lo que queda fuera de escena. Es decir, del juego.
El lenguaje literario es lo contrario a la transparencia. Si se retiran los velos, los adornos, los disfraces, el maquillaje, lo que queda no es literatura, es falta de estilo.
Hilda Hilst fue una escritora brasileña. Nació en San Pablo en 1939 y hace un tiempo la editorial El cuenco de plata tuvo el buen tino de traducirla y publicarla en castellano. Autora de una obra vasta y ecléctica, picante y de culto, dueña de una belleza que mantuvo a resguardo porque “no se suponía que una mujer hermosa escribiera tan bien”. Lejos de mostrarse y aparecer en la escena intelectual, se recluyó en su casa Do Sol a escribir incesantemente y, entre otras, concibió La obscena señora D . Una novela breve y recargada de exquisiteces de la lengua, por momentos angustiante, que ella misma catalogó de pornográfica. En verdad, lo que quería era escribir un libro para ganar lectores y dinero. Pero se convirtió en una autora de elite. Se puede decir, de su obra, que es excitante. Estimula los sentidos y el carácter escurridizo de los hilos que forman la trama no despierta más que deseo de apresar aquello que se sabe inapresable.
Lo “obsceno” del título no es más que una figura de lenguaje cuya función es opacar el centro, difuminar el corazón de una historia e inflamar el texto de luz retórica. La literatura nunca desnuda la verdad, la escritura es velo y ese velo, a su vez, el mundo. Paul Valery decía que lo más profundo que hay en el hombre es la piel. Y lo que Hilda Hilst desnuda es la piel del poema. Como Rousseau, como Hilst, Knausgård también tiene que ocultarse para escribir. Cuando prepara el tercer tomo de su obra se ha vuelto tan famoso que sus recuerdos ya no pueden ser los mismos que habían sido, aunque el pasado siga estando en el mismo lugar. El es otro. Su autenticidad, su experimento –ser él mismo– lo convirtió en otro. Cada nuevo tomo no es, pues, una continuación, sino una interrupción que precede un comienzo. Despojarse, desnudarse, decirlo todo, abrirse, exponerse a la luz, decir la verdad, resultan tareas imposibles.
Pero si la literatura reclama para sí, cada tanto, un corte, un tajo en el telón que permita un nuevo descubrimiento de lo que ha sido ocultado por una red de conceptos, ideales, instituciones y estructuras, son los artistas quienes deben preguntarse qué es exactamente lo que se debería romper, dónde está la frontera a transgredir, dónde reside eso esencial del que habla Bataille. Guillermo Saccomanno y Fernanda García Lao son escritores, son pareja –suelen decirlo en las entrevistas que conceden a distintos medios– y escribieron un libro a cuatro manos: Amor invertido , que, advierte la contratapa, inaugura un género, “va más allá”, porque no se trata de una novela erótica sino de una novela “de coger”.
La novela adopta el género epistolar y da cita a la literatura de alcoba, a Sade, a Lautremont, al gótico. Allí, los libertinos amantes viven separados por el mar –cada uno con el corazón del otro, como en una novela de Mary Shelley– desbocados de deseo, intercambiando palabras como si fueran órganos o fluidos.
“Temí por mi ano, querido mío –escribe la que firma Guilló en la ficción– y no fue ingenuo mi recelo. No era tanto la extensión de su verga lo que me intimidó, como su descomunal grosor.” Palabras habitualmente consideradas obscenas se repiten a lo largo del texto, como un dedo insistente que busca la llaga.
Pero lo cierto es que obscenidades de esa clase hoy no escandalizan a nadie. Las escuchamos en la radio, en los programas de televisión aptos para todo público y googleando en Internet. Si en siglos pasados Sade era confinado al encierro y Flaubert o Baudelaire enjuiciados en un tribunal, hoy los autores de una novela “de coger” son entrevistados en cuanto programa o suplemento cultural encontramos.
Lo inquietante de Amor invertido , acaso, no sea su impúdica verborragia, sino lo que queda oculto debajo de esas miradas, lejos de la ficción, que se cruzan los autores en fotos o entrevistas televisivas. Porque, como apunta la psicoanalista y lingüista Julia Kristeva, “el sexo ya no es revolucionario, por el contrario, no hay nada que sea más establishment que el sexo”.