domingo, 10 de junio de 2012
sábado, 2 de junio de 2012
Ser latino: Último recurso, un microcuento
Ser latino: Último recurso, un microcuento: Último recurso Estaba nervioso, no podía escapar de su perseguidor. El acoso del otro hombre era denso, asfixiante, implacable. Seguro de...
ESPERANDO A QUETZALCÓATL
ESPERANDO A
Q U E T Z A L C Ó A T L
Hemos nacido del dolor y a él volvemos.
Todo es gemido y
lloro en estas tierras;
nuestros señores,
desde otros mundos, ya no velan por nosotros.
Se ha vuelto cada vez
más desierto el corazón,
anidan grietas.
Pero llegará alguna vez el sol por donde habita el agua,
tocará por los cerros, chirimías de esperanza;
nunca más será noche,
o todos seremos luceros
en un eterno manto
que abrigue
los bosques del
Universo.
Una lámpara sorda
buscará por los
cerros
hasta anidar en
nuestros corazones.
Vamos por estas
tierras de paso,
sólo de paso, de paso
solamente,
como un coyote sin
abrigo, ni casa, ni procedencia, ni destino.
Somos el halo ácido
de los dioses enfermos y
no hay yerba para
este mal que se oculta en las venas.
Llorar es un modo de estar aquí,
una manera de habitar estas tierras,
sometidos a ella,
la tierra,
la vigorosa madre que
nos alimenta,
sufrir: la carga que
traemos desde el vientre materno:
paridos fuimos con
dolor,
para vivir con dolor
y morir enmedio de
estridencias:
solos, como flor de
cempazúchitl, como grano arrancado a la mazorca,
como un violín sin
cuerdas, como un tambor sin cuero, como una promesa sin concretar:
poco
a
poco
caemos
al vacío
de
nuestra
propia
muerte:
Entretanto, lloremos,
porque aún no sabemos
si esta noche será la
escogida por el Señor
para llegar o para
que alguno de nosotros
llegue
por fin
a
ninguna
parte.
Lloremos, hermanitos,
lloremos,
porque es más fría y
oscura
la noche del alma.
Lloremos, porque no
hay sol alguno
que amanezca en
nuestros corazones.
Lloremos, porque a
mendigar un poco de cariño
hemos venido:
indefensos, al fin,
por no haber sido
inquiridos
sobre un destino que
es fatal
porque algunien nos
metió en su sueño:
y éste, pronto,
muy pronto,
se
le
hizo
pesadilla.
*Frontera interior, 1994.
Colección La Hoja Murmurante.
Separata de Arte Libertario No. 183.
Toluca, México.
MÉXICO.
lunes, 28 de mayo de 2012
SEA
Vivir como si la primavera no llegara.
Amanecer como si fuera mediodía.
Oscurecer las telas del recuerdo
para estrellar el sol en los mejores días.
Presentir una luna horizontal
para ser el mar y acabar en tus playas.
Abrir honduras marinas,
ocultarte, como una perla, hallazgo
en una primavera irrepetible,
por inexistente.
En ese amanecer del mediodía,
en esta oscuridad resplandeciente
del recuerdo de tí:
Guardarte,
siempreviva,
girasol,
flor-de-un-eterno-día.
Guarecerme de ti para restañar
las perennes heridas de la soledad
durante el recurrente mediodía
de nuestro precipicio.
Ya en el abismo de la eternidad
recular a la miseria humana,
a escondidas del Ojo Avizor
suspirar por la terrenalidad
hasta hartar la sinrazón
por esas dimensiones:
generar trastornos a mi nuevo ser.
Buscar otro estar
para soñar tu compañía pefecta,
armoniosa,
delirante;
peligrar acaso:
hilar confusiones
hasta la soberbia.
Pugna inacabada.
Fatal sino.
Llaga sin remedio.
Serenidad fatal.
Fatalidad sin paz:
esta cadena recurrente
por soñarnos felices;
verdad sin retorno;
gusto amargoso redivivo:
ser siempre inconformes.
Informes.
Sin forma final:
en tu amor haber logrado saber
algún día,
en la otredad,
que esa miel
me envenenó en su gozo
perdurable:
delicado privilegio.
Misterio sin misterio.
Al fin: derrota de la hondura,
caricia de la eternidad,
vía de la pasión.
Perezco desde ahora,
aurora boreal de mi desventura innata.
En tu recuerdo de mí, soy,
ahí, informe,
me acurruco,
me conformo, me escondo.
domingo, 27 de mayo de 2012
Poemas diversos de BAAM
EL COLOR DE LA VIDA
Rojo frenesí:
de la furia del alma,
del coraje ciego,
de la pasión
perdida...
Verde amanecer,
de la calma
transparente,
del sorbo cariñoso
y la amistad plena.
De la calma total,
de la observación,
del combate
callado...
Amarillo tenaz:
del pleito incesante,
del calor infernal;
del dolor,
de la falta de paz.
De la calma infeliz;
de la impaciencia...
Gris mortaja:
de la obediencia
ciega,
del insensato
obediente.
Del rapaz clemente,
de la indolencia
infinita...
Son los colores de la
vida.
El testimonio de
nuestros caracteres.
Firma legible
de nuestros padeceres
y placeres...
ESQUIVO
Con temor voy remando por la
vida,
boga que boga mi barco en el
sendero;
un tiburòn y otro y otro
y otro,
aparecen a babor y a
estribor...
...pero el coraje no quiere
que yo me vaya,
ni que baje los brazos en esa
aventura;
sólo quiere mantenerme firme
y vital...
...para que pueda avanzar
contra
viento y marea.
No estoy aquí,
desaparezco un rato:
logro borrarme de la vista
ajena,
no hay enemigo que me busque
y amenace,
ni rastro ajeno que me pida
avance...
Con el amor en el puño
voy preso del coraje
siguendo con la vista
en torno mío lo que pasa...
Nunca más...no, más no,
nunca más, no, nunca,
nunca...
...ya dije;
¡basta!
TIBIEZA
Estoy entre dos fuegos,
el de mi cuerpo
y el de tu recuerdo.
Lástima que te has ido,
temí muchas veces perderte,
pero tú te desapareciste de mi horizonte,
sin casi darme cuenta.
Sigo entre dos fuegos;
el de mi esperanza y
mi necesidad inmediata de amar.
El fuego me consume.
Se abaratan las noches
con otros cuerpos
que no son el tuyo.
Temo perderte,
es más creo que te perdí
pues no volverás:
¡¡¡Es una pena...!!!
MISTERIO
Nunca
sucede nada en nuestra casa.
Todo se encuentra en orden, sosegado,
la piel ya es media piel de aburrimiento,
desplomadas las almas ya no vuelan
y resulta inasible la existencia.
Nunca pasa más nada en esta vida,
sólo la vida pasa; nunca a tiempo
vemos vibrar cometas en los ojos;
ni oímos el el cristal fino del sentimiento;
jamás hacemos caso del secreteo
del viento, potente, lleno de augurios,
ni gozamos su roce en medias caras
llenas de medios besos aplazados.
Jamás nos pasa nada entre las manos
cerradas al misterio que se escapa
junto a la vida misma que nos pasa
como si nada pasa en esta casa.
Primera estancia
Todo cabe en un cuenco de la mano extendida:
hasta el amor que asoma por un suspiro ajeno.
No caben, pero sirven, los mortales aullidos,
el rechinar de dientes, la crispazón de nervios;
el dolor de ausentarse de los brazos queridos
apenas se parece al desierto paisaje o a los
árboles yertos o a los ríos desecados o a los
sombríos batracios entre dos mundos fríos.
Todo se encuentra en orden, sosegado,
la piel ya es media piel de aburrimiento,
desplomadas las almas ya no vuelan
y resulta inasible la existencia.
Nunca pasa más nada en esta vida,
sólo la vida pasa; nunca a tiempo
vemos vibrar cometas en los ojos;
ni oímos el el cristal fino del sentimiento;
jamás hacemos caso del secreteo
del viento, potente, lleno de augurios,
ni gozamos su roce en medias caras
llenas de medios besos aplazados.
Jamás nos pasa nada entre las manos
cerradas al misterio que se escapa
junto a la vida misma que nos pasa
como si nada pasa en esta casa.
Primera estancia
Todo cabe en un cuenco de la mano extendida:
hasta el amor que asoma por un suspiro ajeno.
No caben, pero sirven, los mortales aullidos,
el rechinar de dientes, la crispazón de nervios;
el dolor de ausentarse de los brazos queridos
apenas se parece al desierto paisaje o a los
árboles yertos o a los ríos desecados o a los
sombríos batracios entre dos mundos fríos.
Caben,
en cambio sí, los besos más sinceros,
los terrores insomnes por aprehender aquello
cuya naturaleza llama a jamás tener jaula;
cabe el misterio mismo vuelto son, metáfora
que grita las voces de la selva, gemidos
erotizados que braman en los montes.
los terrores insomnes por aprehender aquello
cuya naturaleza llama a jamás tener jaula;
cabe el misterio mismo vuelto son, metáfora
que grita las voces de la selva, gemidos
erotizados que braman en los montes.
En
aquella primera de las albas humanas,
apalabrados ya, supimos que callamos.
Segunda estancia
Zarpazos con la voz, codazos con los ojos,
la ternura no anida cuando faltan palabras.
El tedio llueve a cántaros mientras enmudecen
los filosos cardúmenes de palabras:
No hay con quién hablar, ni a quién
decirle nada sobre el fuego y la lluvia.
El tedio gana todo mientras dos flores,
en silencio, son germinadas por un colibrí.
Tercera estancia
Museo de ruinas son mi estirpe y mi pecho;
legión de sufrimientos, enjambre de desdicha,
la esperanza. Todo el dolor habita el horizonte.
Una corteza cerebral en llamas, Prometeo:
saber cuesta más, mucho más de lo supuesto.
Conocer es desdicha y amargura. La conciencia
danza con un tridente y pincha hasta dañar
la gracia, la sonrisa, la fuerza y el futuro.
Mirar atrás supone no pronunciar los nombres
de los ancestros tenues, fantasmas vacilantes,
que soñaron andar caminos con espinas
y abrojos para sembrar paraísos de herencia.
La verdad sabe a sangre. Tiene cara sin rostro.
apalabrados ya, supimos que callamos.
Segunda estancia
Zarpazos con la voz, codazos con los ojos,
la ternura no anida cuando faltan palabras.
El tedio llueve a cántaros mientras enmudecen
los filosos cardúmenes de palabras:
No hay con quién hablar, ni a quién
decirle nada sobre el fuego y la lluvia.
El tedio gana todo mientras dos flores,
en silencio, son germinadas por un colibrí.
Tercera estancia
Museo de ruinas son mi estirpe y mi pecho;
legión de sufrimientos, enjambre de desdicha,
la esperanza. Todo el dolor habita el horizonte.
Una corteza cerebral en llamas, Prometeo:
saber cuesta más, mucho más de lo supuesto.
Conocer es desdicha y amargura. La conciencia
danza con un tridente y pincha hasta dañar
la gracia, la sonrisa, la fuerza y el futuro.
Mirar atrás supone no pronunciar los nombres
de los ancestros tenues, fantasmas vacilantes,
que soñaron andar caminos con espinas
y abrojos para sembrar paraísos de herencia.
La verdad sabe a sangre. Tiene cara sin rostro.
Cuarta
estancia
Los sueños son regalo de los dioses
que nos sueñan a veces sin cuidado.
Ya no quiero soñar sueños ajenos
porque a tanto soñar los siento propios;
y no quiero que luego me reclamen
que esos sueños soñados no son míos,
cuando a tanto soñarlos ya me viven.
Los sueños son regalo de los dioses
que nos sueñan a veces sin cuidado.
Ya no quiero soñar sueños ajenos
porque a tanto soñar los siento propios;
y no quiero que luego me reclamen
que esos sueños soñados no son míos,
cuando a tanto soñarlos ya me viven.
Vivo
en los sueños propios aunque
algunos de ellos primero no eran míos.
Habito de puntitas, silencioso,
otros sueños, sueños de otros,
a hurtadillas.
Un dios sueña a otro dios y todos ellos
fueron soñados juntos, por el Dios primero.
algunos de ellos primero no eran míos.
Habito de puntitas, silencioso,
otros sueños, sueños de otros,
a hurtadillas.
Un dios sueña a otro dios y todos ellos
fueron soñados juntos, por el Dios primero.
Dame
más
Quiero tenerte aquí en mi cama,
rendida a mis placeres
prohibidos.
Urgarte con mis manos,
mis labios,
todo el cuerpo
hasta que seas
parte de mi cerebro
y mis entrañas.
Tomarme todo el tiempo del mundo
para postrarme ante tu desnudez
pálida e insigne
como una bandera
en patria recientemente liberada.
rendida a mis placeres
prohibidos.
Urgarte con mis manos,
mis labios,
todo el cuerpo
hasta que seas
parte de mi cerebro
y mis entrañas.
Tomarme todo el tiempo del mundo
para postrarme ante tu desnudez
pálida e insigne
como una bandera
en patria recientemente liberada.
Tenerte aquí,
en la cama,
para gozar de todos tus placeres
extraños,
siempre nuevos;
pero redivivos
todos los días.
Tú,
mujer,
la siempre-viva.
en la cama,
para gozar de todos tus placeres
extraños,
siempre nuevos;
pero redivivos
todos los días.
Tú,
mujer,
la siempre-viva.
Número
equivocado
Estoy seguro
comprobado lo tengo
cuando nací
el vientre de mi madre
marcaba
número equivocado
OBSESIÓN
POR LOS NÚMEROS
Obsesión por los números;
la numeralia
como una manera
de dar vuelta a la vida:
para no mirarla
de frente,
cara a cara,
cifra a cifra...
con puntos y detalles...
Obsesión o nó,
los números tienen su lenguaje
que asfixia.
Juega a tomarnos
por el cuello,
aprieta hasta ahogarnos...
Los números tienen carácter
y espíritu;
saben de navegaciones,
de batallas,
de cruentas luchas
y de paz total:
como la paz
sepucral del cero...
ANÓNIMO
UNO
Por el camino umbroso aprendió a ser huella,
sin paso, sin peso, ni rostro.
Por los caminos llanos se confundió
con el olor de yerba
hasta llamarse pasto.
Nunca supo qué es siempre,
ni probó del fracaso dulzón
de la palabra "mientras".
Así murió. En una fecha sin nombre,
sin día, sin número;
y ahora es
recuerdo.
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